
Una manifestación más avanzada de estos monumentos mítico-religiosos de los "guadalajarecas" está representada por las llamadas "Esferas Macedonias", anteriormente conocidas como "Esferas de Cornelio" (en honor a un mago de la región que hacía desaparecer archiveros llenos de recibos alterados y aparecer billetes en cajones de escritorios), que se utilizan para adornar algunos árboles (ver foto siguiente). Según algunos estudiosos de mentalidad simplista, el nombre les viene de los reyes zapopanos que se han caracterizado por su ineptitud en el servicio de recogida de basura en los últimos años; alegan los simplistas que estos adornos se multiplican en relación directa a las fallas del camión recolector para pasar por los asentamientos "guadalajarecos". Antropólogos más afines a la creencia de este autor, aseguran que es parte de un ceremonial mucho más complejo, relacionado con las costumbres de los europeos para celebrar el solsticio de invierno, y que aún falta el análisis de documentación recientemente descubierta para dar una explicación exacta.
Lo que es una realidad, es que la película "El proyecto de la bruja de Blair" se inspiró en estas extrañas costumbres de la tribu guadalajareca.

Este tipo de arte tiene los mismos fundamentos que la conocida costumbre de los canes de orinar sobre toda saliente de terreno para indicar que ese es su territorio y que los demás deben entrar en el mismo con la discreción y respeto del que penetra en casa ajena.


A estos mismos mecenas debe agradecerse la existencia de exposiciones monumentales de arte al aire libre. La galería más importante es la que se ha creado para recibir a los visitantes que llegan por vía aérea, y puede admirarse todo el camino desde el aeropuerto hasta la entrada a Guadalajara. Hay otras galerías importantes, aunque de menor magnitud, distribuidas por toda la zona metropolitana.
Una ventaja adicional de estas exposiciones es que distraen a los conductores de vehículos de la monotonía del transitar por las calles y avenidas... que cuesta algunas vidas y algunos daños materiales... pues sí, pero el arte y la cultura merecen sacrificios. Recuérdese aquel refrán que reza: "la letra, con sangre entra".



En las fotografías siguientes aparecen dos ejemplares que fueron sometidos a una joda (leyó usted bien: dice joda, no poda). En cuanto les aparecen algunas hojitas verdes, les cortan más las ramas. Este procedimiento puede llevar meses, pero finalmente se logra el objetivo: la muerte de la ofrenda. Los estudiosos han llegado a la conclusión de que esta ceremonia tiene el fin de propiciar mejores lluvias para las tierras de los guadalajarecas, ahora en perpetua sequía desde el agandalle ya mencionado de los "guanajuatillos", acaudillados por su "ayatola" o guía espiritual "El Fox". Las pruebas que se ofrecen para esta teoría es que de otra manera sería incomprensible la acción, ya que ocasiona un daño significativo a una de las deidades más importantes del panteón "guadalajareca": el Dios Carro. Esta deidad sufre fuertemente por la falta de árboles, ya que es asediada por uno de sus ancestrales enemigos: el sol con sus rayos. Para tratar de proteger a este dios tutelar de todas sus familias, los "guadalajarecas" se ven obligados a luchar por ganar las sombras de los árboles de los pocos vecinos que no los han sacrificado, y esto es causa de que esos vecinos, molestos por la falta de lugar de estacionamiento afuera de sus hogares, hagan en ocasiones una especie de "maldición vudú" a los dueños de los carros que los ocupan, embarrándoles de caca de perro las manijas y orinándose en las válvulas de aire de las llantas.

Las ofrendas, al igual que las "Esferas Macedonias" antes mencionadas, casualmente también crecen en relación directa a las fallas del servicio de limpia y recolección de basura de los ayuntamientos de la zona.




Pero que no se critique a los "guadalajarecas" como depredadores de la ecología; por doquier pueden hallarse muestras de reservas territoriales donde abunda la fauna local (ratas de dos y cuatro patas, ratones, arañas, moscas, hormigas, aves, etc.), y que además se utilizan como depósitos de materiales antropológicos que serán la admiración de las futuras generaciones.

Además, en cualquier calle pueden encontrarse abundantes muestras de bosta de algunas bestias de "caza mayor" que altruistamente han sido dejadas "libres" por sus propietarios en busca de repoblar la zona con animales de especies "en peligro de extinción" (algunos, por desconocimiento, alegan que es por irresponsabilidad, pero esto es impensable en una sociedad de tan altos estándares cívicos como lo son los "guadalajarecas").



Los guadalajarecas, por lo pronto, en su afán de mejorar su competitividad en "acering", han creado al poniente de su ciudad una pista de entrenamiento a la que denominaron "Parque Metropolitano", en la cual practican a convivir en las aceras con bicicletas y, para hacerla más difícil, a algún "genio" se le ocurrió la "brillantísima" idea de cubrir los "andadores-pista ciclista" con polvo y grava de piedra roja volcánica para provocar derrapones y caídas, además de hacer más dolorosas las heridas. Sin duda son aguerridos, pero el visitante interesado en este deporte podrá dominarlo con unos pocos kilómetros de práctica.
Por otra parte, y como muestra del ingenio de los naturales: no tendremos playas pero contamos con oleaje abundante "de mar picada" durante la época de lluvias, ya que los vehículos son utilizados para producirlo, reventando las olas sobre los felices peatones que no caben en sí de la diversión, sintiéndose como en las playas vallartenses.

Y algo que no debe perderse ningún visitante es esa maravillosa "ocurrencia" de disfrazar "pares viales" de un solo sentido como avenidas de doble sentido, incluyéndoles un arbolado camellón al centro (una de las más grandiosas y brillantes ideas de nuestros políticos autóctonos, que nos envidian hasta en Curitiba). Con ello se ha pretendido desarrollar la capacidad de concentración de los "naturales" y promover la selección natural de los más aptos, ya que a la menor distracción, después de toda una vida de acostumbrar a mirar a la derecha cuando se cruza sobre un camellón para ver si viene tráfico, los distraídos, que miran hacia donde acostumbran, pronto separarán su alma de su cuerpo. Se recomienda, muy especialmente, Hidalgo, de Américas hacia el poniente; y La Paz, entre Enrique Díaz de León y Chapultepec.

Además, para afinar las habilidades de los conductores, las autoridades de los ayuntamientos de la zona metropolitana han permitido que las calles cuenten con baches, topes y alcantarillas (unas hundidas y otras cuyas tapas sobresalen de la superficie de rodamiento). Una gran diversión y entretenimiento producen estos "obstáculos" a quien circule por nuestras calles. Además permiten el crecimiento económico, ya que hacen proliferar talleres de reparación de llantas y suspensiones automotrices, para quienes no han adquirido la habilidad necesaria en el slalom todavía. Los "guadalajarecas" acuñaron la frase "Guadalajara los recibe con los baches abiertos" para dar la bienvenida a sus visitantes.

Para hacer las cosas más difíciles, los semáforos están arreglados de tal forma que, en cuanto caen del cielo unas pocas gotas de agua, éstos se apagan o se quedan pegados. También cualquier viento fuerte los mueve y los deja apuntando en otra dirección. Por otro lado, y para que sirva para ejercitar la memoria, cada semáforo es diferente a los demás: unos son de "vuelta con flecha", otros de "vuelta con siga", otros de "vuelta prohibida", etc., así nadie se acostumbra a ningún estándar y, cuando salen a otras partes del país o del mundo, no les extraña ni les espanta cualquier clase de semáforo que encuentren. Lo que sí es que aquí se desconocen desde hace años los semáforos para peatones, siendo esto parte del deporte del "acering" anteriormente mencionado y provoca fuertes emociones cuando al ir cruzando frente a los carros detenidos ante el alto de un semáforo, a mitad del camino, se pone el "siga" y todos arrancan dejándolo parado sobre el grueso de una raya blanca que divide a dos carriles de circulación (a la pasada, impunemente, algunos automovilistas le tirarán un agarrón -a la bolsa o a alguna parte de su anatomía).
Además puede practicar el off road sin salir de la ciudad. Sólo tiene que circular por las intransitables desviaciones que circundan a las interminables obras en la vía pública.

Con la finalidad de enriquecer la experiencia de los conductores de los "todo terreno", se han creado una serie de "sorpresas" que les permitirán disfrutar de la satisfacción de comprobar que cuentan con un vehículo robusto y potente.




Incluso se ha dado el caso de que un automóvil se vaya al drenaje durante una inundación y permanezca en el mismo por más de un año, antes de ser descubierto casualmente a pocos kilómetros de donde desapareció. ¡Una aventura tipo Lara Croft!




No obstante, adolece de rezagos que hacen de la contidianidad urbana un recordatorio de lo mucho que falta por hacer. Así, espero le resulten útiles estos consejos [al visitante]:
Por lo que, si intenta dirigirse hacia Chapala, por la avenida Lázaro Cárdenas, a Tlaquepaque o a Nogales por el galimatías de Los Cubos, remítase a su gran sentido de orientación tipo casco azul en Irak. Y si intenta conducir entre carriles virtuales, señales preventivas invisibles y semáforos camuflados, libere su mejor instinto de conservación.
No obstante, le sugiero no hacer comentario alguno sobre el fenómeno de "tachas" y "vómitos" en toda la zona metropolitana que, seguramente por ignorancia, en otras partes del mundo se considera daño en propiedad ajena, pues corre el riesgo de molestar a vendedores de aerosol y promotores de espacios exclusivos para grafitear, y cuyo éxito pronto motivará a las autoridades municipales para crear la primera zona exclusiva para el desvalijamiento de autos en el país. Sin reversa, seguimos a la vanguardia.
Hoteleros de Guadalajara
(v.pág.3A de la sección "Negocios" de Mural del 3 de julio de 2003).

Rafael Raya Lois
(v.pág.4, "Correo" del periódico Público del 13 de julio de 2004).
Así, los baches lucen casi como atracción turística, los midibuses como deporte extremo y los atascones de tráfico como verbenas populares. Qué bonito es lo bonito.
Paco Navarrete
(v.pág.3B del periódico Mural del 22 de julio de 2004).
Sufrimos los males externos a nuestra casa aún antes de salir de ella. Llegando apenas a abrir la puerta encontramos banquetas agrietadas ondulantes e impropias para carriolas, bicis, patines o simplemente poder caminar sin ejercer destrezas de atleta. La calle resulta insuficiente para los autos que la demandan (tanto para moverse como estacionarse); insuficiente para los árboles que la pueblan más como enfermería que como el ostentado "bosque urbano"; insuficiente para los cables que la enredan como telaraña metálica o las inundantes aguas pluviales. Los parques y jardines públicos sobresalen por su escasez. Los muros y las fachadas hacen de portadores de la basura críptica del "graffiti" vándalo.
Norberto Alvarez Romo
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 21 de agosto de 2004).
La mayoría de los camellones no tienen pasto, sólo hierba que crece en tiempo de aguas y que se seca, pero que sigue rescatada gracias a las bombas de agua que riegan de vez en cuando... y mantienen de pie algunas varas altas con una que otra rosa. Lo más tremendo es el "grafito visual" del que sufre Guadalajara.
Por todas las avenidas principales se cuelgan de los postes cartelones con todo tipo de propaganda, especialmente de la "Expo". Expo ferretera, Expo ganadera, Expo boda, Expo mueble y todos los tipos de exhibisiones que este lugar lleva a cabo durante todo el año. Se agregan a estos cartelones los diversos eventos: Fiestas de Octubre, conciertos de todo tipo, publicidad de diferentes partidos (uera y en tiempo de elecciones), publicidad religiosa, inauguraciones, etc. Con tanto cartelón y banderín, Guadalajara ya parece un pueblo globero.
Para la Cumbre de las Américas se le dio "manicure" a la ciudad... la limpiaron, plantaron y hasta quitaron la docena o más de perros muertos que se juntan sobre la carretera a Chapala, saliendo del aeropuerto. Entonces, ¿aquí sólo se limpia para ciertos eventos importantes, no para los ciudadanos?
Josefina Chaprales de Agnesi en "Buzón de nuestros lectores"
(v.pág.12-D del periódico El Informador del 9 de noviembre de 2004).
Norberto Alvarez Romo, promotor de desarrollo sustentable
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 15 de enero de 2005).
Una vez registrado el olor alrededor del aeropuerto y ya en camino a la ciudad, los anuncios publicitarios (mal llamados espectaculares, de lo cual tienen poco) se encargan de contaminar y destruir el paisaje precisamente desde la salida del aeropuerto con una saturación tal de mensajes que ninguno llega a producir el efecto informativo que se pretende con ellos. Todos juntos ya anuncian simbólicamente el caos demencial que se avecina.
Así sucede también en los demás ingresos a la ciudad; cada uno con sus variantes peculiares. Es como si cada ingreso estuviera cumpliendo con alguna consigna implícita e intencional de no mostrarse como una entrada bella y digna a la ciudad intermunicipal más grande del país que es Guadalajara.
Lo que resulta con las malas impresiones que luego se repiten demasiado es que provocan algo así como una vacuna o adormecimiento cerebral que nos impide reconocer la realidad horrorosa en la que se nos está convirtiendo nuestra ciudad frente a nuestras propias narices. Quizás es una autoprotección a la neurosis o depresión mental que se desataría si realmente todos nos fijáramos con atención, interés y honestidad a lo que ocurre con nuestras calles atascadas, fachadas grafitiadas, banquetas desquebrajadas, cielos en cableados y jardines demacrados. Habrá que reconocer también a los vehículos endemoniados, poseídos por seres transmutados al volante.
Norberto Alvarez Romo, promotor de desarrollo sustentable
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 5 de febrero de 2005).
Guadalajara, Tlaquepaque, Zapopan, Tonalá y Tlajomulco han hecho un pacto suprapartidario bajo la batuta del gobierno estatal para convertir a esta ex ciudad amable en una de las más peligrosas de México por su señalización e insuficiente infraestructura vial.
Paradójicamente, donde hay obra ésta se ejecuta sin planeación, sin información suficiente y con una ineficiencia que multiplica la molestia ciudadana cuando se observan en pleno día trabajos que podrían acelerarse por las noches, como en la Ciudad de México en donde la pavimentación, balizamiento, calafateo, semaforización e iluminación se realizan exclusivamente por la noche.
Carlos Manuel Orozco Santillán
(v.pág.7/A de El Occidental del 6 de febrero de 2005).
(V.pág.5-A del periódico El Informador del 15 de febrero de 2005).
Graciela Abascal Johnson, curadora de la sala de historia del Museo Regional de Guadalajara
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 15 de febrero de 2005).
Norberto Alvarez Romo, promotor de desarrollo sustentable
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 5 de marzo de 2005).
El problema lo recordamos en los espacios abiertos; los lugares públicos en que coincidimos todos, donde nos movemos, nos vinculamos. Allí están los muros graffitiados, las banquetas agrietadas, los parques ausentes, los embotellados coches, los tambores nauseabundos de auto estéreos cholos, las ubicuas alarmas chillantes desatendidas a fuerza de ser tantas tan falsas, los árboles mutilados por el conflicto de espacio con la telaraña del cableado de distribución eléctrica y desde luego los monstruosos autobuses urbanos (lo peor de lo peor).
Norberto Alvarez Romo, promotor de desarrollo sustentable
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 19 de marzo de 2005).
Martín Mora
(v.pág.4, "Correo" del periódico Público del 1o.de abril de 2005).
Salgo de mi casa a las diez de la noche, voy circulando en mi coche (ahora en espera de reparación en la agencia) y los semáforos me marcan el verde. Entonces, súbitamente, veo el tope unos cuatro metros delante de mí; muy tarde para frenar, las cuatro llantas en el aire (no exagero), aterrizaje forzoso y comienzo a maldecir la hora en que a alguien se le ocurrió poner un tope debajo de un semáforo en plena Av.Américas y sin pintar. Sólo una señal al lado, con un letrero "Tope".
Ahora acabo de leer que estos topes no pretenden disminuir la velocidad del tráfico, sino desviar el flujo de agua de lluvias. ¿Difícil de creer? Así es, pero nuestros funcionarios no dejan de sorprendernos. El tope apareció de la nada el miércoles 18 de mayo, por la mañana. Casualmente, desde ayer por la mañana el tope estaba pintado (supongo que lo hicieron en la madrugada, pues tomé fotos antes y después e incluso saqué video la misma noche de mi percance con autos haciendo acrobacias aéreas con chispas).
Señores secretarios de Vialidad y de Desarrollo Urbano, les pido que me respondan quién va a pagar mis daños. La ineptitud de no señalizar bien, sus "magnas" obras dañaron mi auto y el de muchos más. Espero que tengan la vergüenza para responder.
Fernando González
(v.pág.4, "Correo" del periódico Público del 20 de mayo de 2005).
Las banquetas y machuelos no son mejores. Prácticamente no hay ninguna en buen estado. Sus machuelos están hechos añicos y los cajetes, que alguna vez albergaron un árbol, están cayéndose a pedazos.
En los casos en que el árbol sobrevivió a la contaminación y la sequedad, el cajete no tuvo la misma suerte, pues su mal diseño fue incapaz de resistir las raíces de su arbóreo huésped o los golpes de los automóviles vecinos. Los más sólo contienen basura y tierra reseca.
Los arroyos de las calles son otra obra maestra del desconstruccionismo urbano. Las calles que alguna vez se construyeron de concreto son un muestrario de parches de asfalto que impiden transitar suavemente y sin sobresaltos. Cada parche es testimonio fiel de la falta de previsión o de la improvisación, pues son el producto de cientos de ranuras y agujeros que todo mundo hace para colocar tuberías y conexiones que, por algún extraño motivo, no fueron instaladas antes de terminar la calle. Si no me creen fíjense en la Avenida Montevideo o en la Avenida Terranova, en la Colonia Providencia.
Pero no sólo los parches y agujeros hacen que pasear en coche por Guadalajara sea una abrupta experiencia.
Los desniveles provocados por el crecimiento de las raíces de los árboles localizados en los camellones levantan los bordes y reducen el ancho efectivo de las calles.
Sin duda son especies que nunca se debieron sembrar pues sus raíces no crecen hacia abajo, sino hacia los lados.
Y qué decir de los topes, Guadalajara está plagada de ellos y pocos son los realmente necesarios, bien construidos y bien señalizados.
La mayoría son instalados por los vecinos, que consideran que tener uno frente a su casa hará no sólo que los coches se detengan, sino que servirá además como prueba de sus influencias y como símbolo de un estúpido estatus social.
Hay dos calles que son un gran ejemplo de esto, la calle Alberta, también en la Colonia Providencia, y la Avenida General Ramón Corona (si es que se le puede llamar avenida a ese mal construido camino donde está el campus del Tec de Monterrey y que lleva a todos esos nuevos lugares con salones de eventos para fiestas). En esa avenida de rancho, hay un tope detrás de otro, y a las dos o tres de la mañana, al regresar de una fiesta sin más iluminación que la del coche nos hacen salar de coraje decenas de veces.
Cada tope es distinto al otro. Unos tiene vibradores (de los que no usan pilas) en la parte de arriba, otros son unas verdaderas bardas, otros son de proporciones tales que hacen que el chasis inevitablemente pegue contra ellos; unos los hacen de asfalto, otros de concreto, y por supuesto casi ninguno está pintado ni cuenta con señalizaciones previas que los anuncien, por lo que nos enteramos de su existencia cuando brincamos de susto o damos un frenón para intentar aminorar el golpe.
Todo lo anterior aunado al graffiti, a la basura, a los camellones de tierra o con pasto seco y a miles de detalles más, lo único que nos dice es que nadie se fija en ello y que nadie ha gastado un centavo en remodelar las calles de la ciudad desde que se construyeron. Las calles más nuevas se ven algo mejor, pero su inevitable destino será terminar igual de abandonadas que sus antecesoras.
Ricardo Elías, arquitecto y empresario
(v.pág.8A del periódico Mural del 9 de junio de 2005).
"Hay esquinas en Guadalajara que cuentan con un alto número de anuncios. Otro ejemplo es cuando sales del aeropuerto hacia Guadalajara sitio donde existen 64 anuncios y en la ruta hasta la ciudad hemos contabilizado hasta 112 anuncios".
Guillermo Sandoval Madrigal, investigador del Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño, precisó que es obligación de los ayuntamientos regular la instalación de estos medios publicitarios, pero no han tomado cartas en el asunto debido a que para los municipios representan una fuente de ingreso.
"Es por un afán comercial que no toman en cuenta los riesgos que representan, a pesar de que la norma es muy clara y dice que una ciudad debe estar exenta de cualquier tipo publicitario. Ya que para este fin deben instalarse áreas especiales como kioscos o instalarse en parabuses".
Puntualizó que ciudades como Morelia, donde las autoridades acaban de rescatar el centro histórico, no existe ningún anuncio y la misma situación presenta Zacatecas, lo que significa que hay educación y cultura.

(V.pág.3-B del periódico El Informador del 13 de junio de 2005).
Por donde usted transite, sea a pie o en automóvil, se encuentra con este tipo de publicidad colgada de los postes, árboles y balcones. Y este problema crecerá en los próximos meses, cuando inicien las campaña de los candidatos a ocupar algún puesto en las elecciones de 2006. Empezaremos a ver grandes mantas en los puentes peatonales, o en todo lo ancho y alto de fachadas de edificios. Mantas con fotografías de los candidatos, sus lemas de campaña, los colores de los diferentes partidos. ¡Invasión publicitaria en toda la ciudad!
La contaminación del aire cuesta más trabajo combatirla, lo mismo que la auditiva. Sin embargo, la visual sí se puede evitar más fácilmente: Basta con que los ayuntamientos dejen de pensar en el negocio que les resulta otorgar los permisos, en el caso de los anuncios espectaculares y pendones publicitarios. En cuanto a la publicidad política, el Consejo Electoral del Estado está a tiempo de implementar reglas para que se respete la imagen de la ciudad. Guadalajara y sus habitantes se los van a agradecer.
Editorial
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 13 de junio de 2005).
Sin embargo, quizá lo más honesto sea reconocer que la culpa del deterioro de Guadalajara como la ciudad más habitable del país sea de "Fuenteovejuna". Es decir, de sus propios habitantes.
Y lo peor: admitir que lo más probable es que ese deterioro ya resulta irreversible.
Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 20 de junio de 2005).
Pero igual les pasa a los que van en minibús, o hasta a los camiones de gas: vete a saber si es por las innumerables e interminables obras públicas, por la pésima red de agua potable y alcantarillado, o porque simplemente el famoso suelo de jal en el que estamos asentados ya se deslavó y dio de sí, pero ahora sí que la tierra se nos está escurriendo de los pies. Y nos estamos hundiendo.
Parece ser que a partir de ahora, la mejor forma de transportarse será con equipo de alpinista. Para que le vayas calculando.
Paco Navarrete
(v.pág.3B del periódico Mural del 7 de julio de 2005).
Pobre Guadalajara, con tal de sacar dinero para sus viajes y mantener al mantenido de Casa Jalisco, las autoridades cualquier poste lo convierten en fuente de ingresos, sin importar que molesten a la ciudadanía y lo invito a que si va caminando por cualquier calle, tenga la curiosidad de mirar a ambos lados de las aceras y verá lo que yo miré por la avenida de Las Américas: Cosas desagradables que cuelgan, suspendidas de los postes y de los árboles, sin que lleguen al suelo, pero que afean la vista por lo antiestético; en una sola cuadra y por una sola acera encontrará estos colgajos:
Por si fuera poco lo anterior, a pesar del peligro que representan, sobre todo para niños y ancianos, por toda la ciudad tenemos en cada esquina las alcantarillas sin tapa y como ejemplo podemos señalar la que está en la esquina ubicada frente al edificio que ocupan las oficinas del Consejo de la Judicatura en avenida Las Américas y Eulogio Parra, que no obstante que tiene meses destapada, se ha convertido en basurero y trampa mortal; ¿estarán esperando las autoridades que algún magistrado se rompa alguna pierna?, y si eso es en un edificio público importante, pienso que usted se imaginará qué sucede en el resto de las esquinas de nuestra pobre ciudad. ¿Y las autoridades?, bien gracias, pues otra vez están de vacaciones en el extranjero, comprando las "garras" que sus mujeres quieren. ¡Ahora que se cayó el burro y no les cuesta!
Adolfo Martínez López
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 25 de julio de 2005).

Hay un número indeterminado de anuncios espectaculares en la ciudad. Se dice que en el municipio de Guadalajara hay 360, en Zapopan 543 y en San Pedro Tlaquepaque 150. A esta cantidad hay que añadir más de un 10% de anuncios irregulares. Además, los que se ubican en municipios conurbados como Tlajomulco o El Salto. ¿El resultado? Tenemos una de las zonas metropolitanas visualmente más contaminadas del país. Y, a lo que se ve, una anarquía regulatoria muy poco envidiable en el tema. Y, a río revuelto, la ciudad pierde.
De enorme tamaño, agresivo diseño, ínfima calidad constructiva, eliminan de un plumazo el encanto y la escala de cualquier perspectiva citadina. Se convierten en un gran menor común denominador. ¿Quién va a tener ganas de cuidar las calles cuando semejantes monstruos se encargan de afearlas definitivamente? Es triste que aún los ayuntamientos (como el de Zapopan), instituciones educativas y candidatos a "gobernar mejor" utilicen estos vehículos a sabiendas (en el mejor de los casos) que con ello profundizan la degradación urbana de la ciudad que pretendidamente quieren mejorar. Ciertos comunicadores afirman, además, que la eficiencia de los espectaculares es ya mínima, merced a la saturación que los propios anunciantes han propiciado.
Guadalajara, como zona metropolitana, debería tomar el problema por los cuernos y limitar muy severamente los espectaculares. Prohibirlos en la mayoría de la mancha urbana, y en donde fueran permitidos, reglamentarlos efectivamente. Se dirá que es una industria que da trabajo a mucha gente. Claro, porque se permite algo así. Si las autoridades propiciaran el respeto a la ciudad y cerraran este fértil campo de negocios y componendas, automáticamente el mercado se desplazaría a otros segmentos menos dañinos para la urbe. Así ha sucedido en la mayoría de las ciudades civilizadas y los publicistas y la gente que depende de esta labor ha encontrado maneras de seguir operando.
La belleza y la dignidad de la ciudad son inapreciables. El ciudadano aprende a querer y respetar a su entorno si es capaz de identificarse con él, de encontrar armonía y serenidad en su contexto. Revisemos cualquier libro de fotografías de Guadalajara antes de este ataque de "modernidad": era una ciudad agraciada, querible. No es posible que nuestra generación deje que la ciudad heredada sea convertida en un gran tinglado publicitario en beneficio de unos cuantos. Es tiempo de rescatar el decoro y la dignidad de una urbe que ha sido largamente, espectacularmente, descuidada.
Juan Palomar Verea
(v.pág.12-B del periódico El Informador del 27 de julio de 2005).
Después que tranquilamente
otro estado ya ha dejado,
se encuentra con que el camino
es cual terreno minado.
Es un sello jalisciense,
que su imagen deteriora,
sus pésimas carreteras:
quien las recorre, hasta llora.
Anflopo
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 2 de agosto de 2005).
Norberto Alvarez Romo, promotor de desarrollo sustentable
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 29 de agosto de 2005).
El descubrimiento de 50 colonias que pudieran ocultar bajo sus calles y casas peligrosos socavones, es un llamado de alerta...
Editorial
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 30 de agosto de 2005).
Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 6 de septiembre de 2005).
La supervisión, por parte del personal del Departamento de Inspección y Vigilancia de Reglamentos, se centraba más en las banquetas, a fin de que siempre se hallaran en buen estado para el seguro desplazamiento de los peatones, especialmente de las personas mayores de edad, pues si se encontraban con hoyancos o peligrosos desniveles podrían tener un traspié, un tropezón o una caída, con graves lesiones o huesos rotos para las víctimas.
Sin embargo, esta vigilancia aflojó mucho, hasta casi desaparecer, cuando empezaron a imperar en la comuna las políticas populistas, impulsadas por el presidente Luis Echeverría Álvarez, que terminaron en populacheras, desatendiéndose por completo la buena imagen de Guadalajara.
Ante esta ausencia de vigilancia y de interés por parte de las autoridades municipales, los dueños de las fincas se desatendieron de arreglarlas en su aspecto público.
Ahora, en todos los rumbos de la ciudad, abundan las fachadas y banquetas descuidadas, y en muchos casos con daños severos y peligrosos.
Para no ir más lejos, hasta algunos edificios públicos tienen sus fachadas y banquetas en mal estado, como es el caso del Museo de las Artes Populares, ubicado en la esquina suroeste del crucero de las calles San Felipe y Pino Suárez.
Luis René Navarro
(v.pág.1-B del periódico El Informador del 24 de octubre de 2005).

(V.pág.1-B del periódico El Informador del 29 de octubre de 2005).
El nombre de pila del personaje en cuestión era Tomás Rodaja. Aparece intempestivamente en Salamanca, atraído por el deseo de estudiar y entendido de que "de los hombres se hacen los obispos". Sin embargo, algunos pícaros lo enrolaron en la milicia. Metido en "aquella vida, que tan cercana tiene la muerte" -refiere el Manco de Lepanto-, viajó Tomás por toda Italia. De regreso en Salamanca, una dama desdeñada lo hizo víctima de un hechizo ("bebidas o comidas amatorias llamadas 'veneficios' -dice Cervantes- porque no es otra cosa lo que hacen sino dar veneno a quien las toma"), cuya consecuencia fue que Tomás quedó "loco de la más estraña locura que entre las locuras hasta entonces se había visto. Imaginóse el desdichado que era todo hecho de vidrio (...). Cuando andaba por las calles iba por mitad dellas, mirando al cielo, temeroso no le cayese alguna teja encima y le quebrase".
A partir de aquel arrebato de locura, Tomás Rodaja cambió su nombre y antepuso el título de que hasta entonces carecía: "Licenciado Vidriera".
El caso es que si el Licenciado Vidriera hubiera saltado de la fértil imaginación de Cervantes a la realidad y reencarnado en los tiempos presentes, seguramente se aterraría ante la perspectiva de verse seducido por los vendedores de los fascinantes atractivos turísticos de Guadalajara; sus estupendos museos; sus magníficos parques y jardines; su irresistible gastronomía; el respeto cuasi-sacramental de los lugareños a las gemas que integran su patrimonio cultural; sus múltiples joyas arquitectónicas...
Sería difícil convencerlo de que un episodio como el ocurrido ayer al mediodía, en pleno centro de la ciudad, es, simplemente, una anécdota... Si ya la ciudad y sus habitantes vivieron, hace 13 años, las explosiones de los colectores de una extensa y populosa barriada, ¿quién puede asombrarse de que se fracture y se desprenda, desde unos 10 metros de altura, un fragmento (de aproximadamente media tonelada) de una cornisa de una de las puertas frontales de la catedral?...
Se dijo, a raíz de la construcción del túnel vehicular de la Avenida Hidalgo, que esa obra amenazaba la solidez de la voluminosa mole de cantera y otros materiales de que está hecha la iglesia que ha devenido símbolo de la ciudad. Hubo dictámenes periciales en el sentido de que la estructura había sufrido "grietas -se dijo entonces- en las que perfectamente podía caber, parado, un hombre de mediana complexión".
Se hicieron -eso se aseguró- reparaciones "a fondo". Independientemente de modificaciones menores, como la remoción, en tiempos del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo como arzobispo, del manifestador o "ciprés", que dio pie a una encendida polémica que por poco no acabó con una reedición a escala tumultuaria de la bíblica gresca fratricida de Caín y Abel, se supone que la discutida catedral (a la que alguien dedicó un retrato hablado que se ha vuelto típico: "Es una ecléctica y armoniosa colección de mediocridades arquitectónicas"... sin conseguir que se le dejara de ver -con el mariachi- como la tarjeta de presentación de los tapatíos en el mundo), no se ha sabido de nuevos atentados que amenacen con convertir a la (pese a todo...) majestuosa edificación en una ruina.
Sirva lo de ayer, de todos modos, como llamada de atención...
Porque, ¿se imagina usted lo que sería Guadalajara sin su catedral... o, peor tantito, a Guadalajara con una catedral perpetrada por alguna de las actuales "vacas sagradas" de la arquitectura local?...
¡Los santos mártires de la Cristiada nos tengan de su bendita y milagrosa mano...!
Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 2 de noviembre de 2005).
Mateo Hernández
(v.pág.4, "Correo" del periódico Público del 20 de noviembre de 2005).
(V.pág.12 del periódico Público del 4 de diciembre de 2005).
La frase invita a reflexionar. ¿Qué quiso decir don Emilio con "ciudad sucia"?...
El vocablo "sucio" tiene varias acepciones. Una: "que tiene manchas o impurezas". Las manchas que Guadalajara acusa en su fisonomía son múltiples: desde los baches en las calles, los hoyos en las banquetas y el "grafitti" que de unos años a la fecha se ha convertido, para mal, como un tatuaje repelente, en parte de su rostro; las impurezas, por lo consiguiente: adefesios arquitectónicos -desde edificios horripilantes perpetrados por la iniciativa privada hasta elementos "ornamentales" que las autoridades le han incorporado alevosamente-, en detrimento de la dignidad y la armonía que, bien que mal, la caracterizaban... Otra: "manchado con pecados o imperfecciones". Botón de muestra: la anarquía con que funciona -a gran escala, por lo demás- el comercio en la vía pública; muy particularmente, el expendio indiscriminado de alimentos y bebidas... Una más: "deshonesto u obsceno en usos y palabras"; ¿hay alguna duda de que el vocablo retrata a la perfección costumbres tan difundidas como la de arrojar cochinadas en la vía pública, y las formas de expresión -pletóricas de vulgaridades y de una pobreza formal rayana en la indigencia- tan usuales incluso entre nuestros universitarios?... Y una más: "hablando de algunos juegos, sin la debida observancia de sus reglas y leyes propias". Esto, con una poca de imaginación, podría hacerse extensivo al desdén que en la vida cotidiana se tiene hacia determinadas normas de convivencia -las leyes de tránsito, por ejemplo-, y la naturalidad con que, llegado el caso, se disparan los esquemas institucionalizados de corrupción, coloquialmente conocidos como "mordida".
Al margen de que la frase del señor González Márquez pudiera referirse a cualquiera de esas acepciones del nada envidiable adjetivo, bien pudiera haberse limitado a reprochar el desapego del ciudadano por cumplir y a la incapacidad de la autoridad por hacer cumplir los ordenamientos municipales con respecto al aseo de la casa común, reflejo del decoro de sus habitantes.
Ya es un tópico: cuando Guadalajara se preciaba de ser "ciudad limpia" -reflejo de la manera de ser de sus habitantes-, se sabía que los inspectores de la comuna salían a patrullar las calles, block de infracciones en mano, a partir de las 10 de la mañana, y a dejar notificaciones de multas en los domicilios en que fuera notorio que no se había barrido la banqueta y el frente de las casas.
Las multas no eran especialmente severas. Nadie podía decir que el reglamento que autorizaba a imponer 10 pesos de multa por la omisión señalada, tenía propósitos recaudatorios. Con otra: que estaba tan generalizada la sana costumbre de barrer las calles, que las eventuales y escasas omisiones -excepciones de desidia que confirmaban la regla del civismo como costumbre-, que en muy pocos casos se llegaba al extremo de las infracciones.
En la administración anterior, la ventolera por el aseo en la vía pública, fue, por una temporada, tema de una campaña propagandística de mal gusto -aquellos pendones desplegados por el primer cuadro, con el rostro patibulario de un cómico de la televisión-, por una parte, y vil llamarada de petate por la otra.
No hubo que ir demasiado lejos por la prueba de que es aplicando la ley y no afeando la ciudad con pendones (costosos, además) como Guadalajara puede sacudirse una etiqueta que la deshonra -la de "ciudad sucia"- y reconciliarse con la contraria, que la honraba.
Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 6 de diciembre de 2005).
Margarito Mayorga Pila
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 6 de diciembre de 2005).
(V.pág.5-A del periódico El Informador del 6 de diciembre de 2005).
Siguiendo por Patria, antes de llegar a Moctezuma, si usted maneja su vehículo por esa calle en la noche, más vale que la conozca muy bien, de lo contrario puede subirse a los camellones que tienen unos retornos, pero el color amarillo ya no se nota.
Avenida Cruz del Sur, es un desaseo para ruborizar a cualquier tapatío; en el cruce con Lapislázuli, el pasto ya no existe, ahí están grupos de niños y adultos vendiendo cosas y pidiendo dinero; en lugar de pasto hay envases de refresco, envolturas de fritangas, en fin es un cochinero de vergüenza, claro, para quien tuviera.
Regina Ureña
(v.pág.6-A "Buzón de nuestros lectores" del periódico El Informador del 14 de diciembre de 2005).
Como pocas veces también se ve la otra imagen que mostró ayer la capital tapatía, convertida en un gigantesco basurero: La zona centro, los alrededores del Mercado Libertad, la calle Obregón y las vías aledañas a mercados tradicionales de venta navideña, amanecieron "adornadas" con montones de basura, dando un aspecto bastante desagradable ante los sentidos de propios y extraños.
La Guadalajara que tanto enorgullece a los tapatíos, limpia, aunque saturada de tráfico, desapareció por un día para dar paso a una ciudad sucia, maloliente en algunas partes, con la basura generada por el ajetreo de la víspera acumulada en las esquinas, derramándose de los contenedores. Por todos los rumbos de la metrópoli pudo constatarse la falta de previsión de las autoridades municipales.
Muchos turistas salieron a pasear ayer por el centro histórico, otros visitaron el Mercado Libertad, o se dieron una vuelta por la Plaza Tapatía... quedaron decepcionados, porque no esperaban ver a Guadalajara en esas condiciones.
Editorial
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 26 de diciembre de 2005).
Veredicto
(v.primera plana del periódico El Informador del 27 de diciembre de 2005).
Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 4 de enero de 2006).
Pues bien, después de unos días de refrescar el tránsito peatonal por distintas zonas de Guadalajara es muy triste constatar que nuestras banquetas son lo todo lo contrario a lo arriba descrito. Lo primero que salta a la vista es el desgaste de los pavimentos de las banquetas. Y esto lleva a recordar una consideración que entre nosotros parece haberse olvidado: las banquetas son responsabilidad de cada vecino que debe asegurar el perfecto estado del tramo que se encuentra frente a su propiedad. Sin embargo el ayuntamiento ha descuidado su labor de vigilancia y sanción de este rubro. Cada vez es más usual encontrar banquetas destrozadas enfrente de negocios florecientes o casas de alto valor. (Permítase un ejemplo de punta: la banqueta de la casa que está en Vallarta y Atenas, esquina norponiente, del lado de Atenas. No es posible que los propietarios de una de las casas más caras de Guadalajara permitan tal majadería a los peatones, y menos posible es que la autoridad no haga nada.)
Este desinterés del inmediato espacio público a los ámbitos privados tiene quizá mucho que ver con la enajenación de los ciudadanos respecto de la urbe. Y todo lo demás viene en cascada: coches atravesados sobre cada banqueta, "cajones" que la invaden, registros sin tapa, árboles secos o trozados, escalones y desniveles que el reglamento prohibe, pavimentos destrozados por las canalizaciones mal hechas de las compañías telefónicas, y un largo etcétera. Esto no es ningún "detalle" de la ciudad: es un estado de cosas que atenta contra su misma esencia.
Juan Palomar Verea
(v.pág.10-B del periódico El Informador del 4 de enero de 2006).
De Guadalajara, a despecho de su falta de iglesias, museos, parques, edificios y demás que fueran, por sí mismos, imanes para el turismo, llegó a decirse que se parecía a su catedral, a la que ya es un tópico definir como "un armonioso conjunto de mediocridades arquitectónicas".
Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 9 de enero de 2006).
Hoy por hoy, la regla -a la que cada vez es más difícil encontrarle excepciones que la honren- consiste en que en estas latitudes lo que ha sobrado de proclividad al desgarriate, ha faltado de orden, respeto y autoridad.
De gobierno, en una palabra.
Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 23 de enero de 2006).
Sin embargo, actualmente los 200 trabajadores de Aseo Público de Guadalajara están a tal grado rebasados, que numerosos comercios en el centro histórico han adoptado una iniciativa: Colocar bolsas de plástico, amarradas a los árboles o los postes de energía eléctrica, para que ahí los peatones depositen su basura.
Es evidente que faltan botes fijos para los desechos sólidos.
(V.pág.1-B del periódico El Informador del 31 de enero de 2006).
Otro aspecto que ha contribuido a que la ciudad pierda algunas de sus bondades, como el buen clima, es la gran cantidad de gente que se vino a vivir aquí después del terremoto de 1985, esto provocó el surgimiento de fraccionamientos sin servicios. No quiero decirlo, pero todo tiempo pasado fue mejor...
Constancio Hernández Allende, notario público, escritor e investigador
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 14 de febrero de 2006).
Norberto Alvarez Romo, presidente de Econometrópolis, A.C.
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 20 de febrero de 2006).
Se trata, al parecer, de afecciones crónicas, progresivas e incurables.
Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 22 de febrero de 2006).
¡Por favor: seamos positivos!... ¿Quién se va a fijar en esas minucias junto al esplendor de nuestras plazas comerciales, la magnificencia de la Plaza Tapatía y la majestuosidad de los Arcos del Milenio, por sólo poner tres modestos botones de muestra?...
Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 8 de marzo de 2006).
Confucio dijo que "Gobernar significa rectificar"... (y no, como aquí, institucionalizar los errores).
Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 13 de marzo de 2006).
Rubén Pérez García
(v.pág.6-A "Buzón de nuestros lectores" del periódico El Informador del 22 de marzo de 2006).
Pero, ¿qué es lo que ha contribuido para que Guadalajara perdiera su prestancia y prestigio? A continuación señalaré varias de esas razones, algunas de ellas son simples, otras no tanto, pero todas forman el diario vivir y son las que causan molestias y enojo en la ciudadanía:
(V.pág.5-A del periódico El Informador del 19 de abril de 2006).
Poco a poco, los vehículos han ido pasando sobre el escombro y se han encargado de regarlo, pero todavía puede verse un promontorio por ahí, además de que el viento se está encargando de llevarlo, en algunos casos, a las alcantarillas cercanas.
No duden que al rato que inicie el temporal de lluvias estén tapadas, de por sí en la Glorieta del Charro cada que llueve fuerte se inunda el lugar... lo que pasa es que sí es una constante del SIAPA acudir a reparar alguna fuga y dejar en malas condiciones el pavimento que abren, dicen que tienen un convenio con los ayuntamientos para que éstos reparen; deben revisarlo porque no se está haciendo y los vecinos echamos pestes en contra del Sistema.
Luis Eduardo Salazar, vecino de la Colonia Jardines de la Paz
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 19 de abril de 2006).
Guadalajara padece serios problemas de aseo público, de conservación de banquetas y de fachadas y de las regulares condiciones de sus pavimentos.
Hace mucho tiempo que las autoridades municipales no velan y menos vigilan que todos los vecinos tengan limpio el frente de sus casas, y tampoco se les exige que mantengan en buen estado las banquetas y las fachadas de sus viviendas.
Sobre la limpieza, quienes son vecinos de los sitios donde se instalan los tianguis semanales, sufren, invariablemente, el problema de una saturación de basura, que originan esos comerciantes y sus clientes, y que nadie recoje, puesto que las cuadrillas municipales se limitan a barrer las calles donde se instalan los tianguis, y se olvidan por completo de las calles adyacentes, donde la acumulación de basura es igual o mayor.
Ya es tiempo de decir ¡basta! al descuido de las autoridades municipales y a la indolencia de nosotros los habitantes, ante los problemas urbanos de Guadalajara.
Luis René Navarro
(v.pág.1-B del periódico El Informador del 22 de mayo de 2006).
En Guadalajara, ese padecimiento, que se agudiza en cada temporal, tiene síntomas inconfundibles. En Federalismo y Joaquín Angulo, un embotellamiento puede provocar que un automovilista gaste media hora en llegar a Federalismo y Niños Héroes. En Federalismo y Angulo, los automovilistas que circulan de norte a sur creen que con la lluvia es más adecuado pasarse las luces en rojo. En Federalismo y Juan Manuel, los semáforos dan un giro de 45 grados, de tal forma que de haber servido a los que venían por Juan Manuel ahora sirven a los que circulan por Federalismo. En Federalismo y la calle Libertad, los que recorren la gran avenida piensan que en las lluvias sí pueden dar vuelta en U, maniobra prohibida durante las secas. Ahí mismo, un par de peatones creen que en las lluvias los automovilistas sí se detendrán para darles el paso y pasan sin ver. En Federalismo y Montenegro, en Federalismo y Mexicaltzingo, en Federalismo y Niños Héroes los conductores creen que la llovizna le quita autoridad a los agentes de tránsito que pitan y repitan para acomodar el caos que provocó la descompostura de todos los semáforos.
Para este mal no hay vacunas.
Vanesa Robles
(v.pág.8 del periódico Público del 2 de junio de 2006).
Norberto Alvarez Romo, presidente de Ecometrópolis,A.C.
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 11 de junio de 2006).

(V.pág.1-B del periódico El Informador del 28 de junio de 2006).
Aún es tiempo de enmendar,
y hasta puede ser costeable,
convirtiendo estos lugares
en una atracción amable.
Mientras dure el temporal
que los conviertan balneario,
y si instalan toboganes
¡habrá cupo lleno, diario!
Anflopo
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 11 de julio de 2006).
Además de que las aguas penetran por todas partes, arruinan muebles, dañan aparatos domésticos y dejan inhabitables las casa durante varios días, sucede lo peor: los drenajes se saturan. Las aguas negras se mezclan con las aguas pluviales. Lo invaden todo. Lo contaminan todo. Hay colonias que se quedan, por días, convertidas en inmundos, pestilentes lodazales. Quienes no tienen a dónde huir, tienen que vivir en focos de infección, expuestos a enfermedades gastrointestinales o de la piel.
Las dependencias públicas activan sus operativos de emergencia: las cruces, a recoger lesionados; Protección Civil, a poner a funcionar albergues y mecanismos operativos para dotar de alimentos, medicinas y ropa a los damnificados; los bomberos y el SIAPA, a desazolvar bocas de tormenta y retirar las aguas acumuladas; Parques y Jardines de los ayuntamientos, a cortar y remover ramas y troncos de los árboles caídos; la Comisión Federal de Electricidad, a reparar destrozos en líneas y transformadores; Vialidad, a enderezar, reemplazar y reparar semáforos...
Luego viene el recuento de los daños: tantos árboles caídos; tantos automóviles dañados; tantos más, varados en las calles o sumergidos bajo las aguas; tantas familias trasladadas a los albergues; tantos trabajadores puestos a laborar incesantemente para volver las cosas a la normalidad...
Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 24 de julio de 2006).


Luis René Navarro
(v.pág.1-B del periódico El Informador del 21 de agosto de 2006).
Cada año que pasa es más evidente la necesidad de colectores eficaces, pero cada sexenio testificamos cómo el presupuesto para obra pública se invierte en lo que sí se ve: nodos viales y otras estupideces monumentales.
Esa omisión se la han heredado de administración en administración como si fuera deuda pública, y a ninguno de los gobernantes parece importarle.
Lo que nos deja boquiabiertos es la campaña de difusión en la que el implacable Placus [Ramírez Acuña] se vanagloria de sus múltiples nodos viales y pasos a desnivel, que nomás sirven para llevar el embotellamiento hasta el siguiente crucero donde todavía no hay nodo ni modo.
Toñimáximus
(v.pág.2 del periódico Público del 27 de agosto de 2006).
Hay versiones -malévolas, por supuesto- de que se invitó a la ex Perla de Occidente a integrantes de los equipos de gobierno de varias ciudades, con la deliberada intención de que constataran, en vivo y en directo, el catálogo de barbaridades que deberían, a toda costa, evitarse en un conglomerado urbano, y aquí -modestia aparte- se perpetran todos los días...
El índice es prolijo: desde pavimentos destrozados, so pretexto de las lluvias, hasta los cada vez más frecuentes y prolongados embotellamientos automovilísticos, pasando por obras públicas (la mayoría, imperfectos y deficientes parches a las vialidades, destinados a recorrer 500 metros los congestionamientos que se producían antes de dichas obras)... y las de relumbrón, ostentosas, inútiles y de discutible buen gusto (v.gr., los inefables Arcos del Milenio).
El ostensible deterioro de la ciudad y la degradación en la calidad de vida de sus habitantes lo demuestra: una megalópolis como ésta tiene que ser gobernada por expertos; no por improvisados... (por iluminados que sean o bien intencionados que parezcan).
Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 30 de agosto de 2006).
Tenemos a los modernos ingenieros "artistas". Y de ellos, el más avanzado, don Claudio Sáinz, Secre de Desarrollo Urbano. Ni modo de no mencionarlo. Es increíble cuánto se puede lograr en tan sólo un sexenio, con un poco de voluntad... y el padrinazgo irrestricto del mandamás local. Mejor aún, a pocos meses de cerrar el changarro, aún no da muestras de cansancio.
En un alarde de creatividad, don Claudio y sus muchachos han sabido tenernos con el Jesús en la boca una y otra vez con sus desplantes de imaginación. ¿Hay que construir un simple paso a desnivel en López Mateos y Manuel Acuña? Sí, pero para echarle salsita... ¿qué tal si se reduce la capacidad del colector... como un homenaje a la teoría del caos? Que hay que construir una carretera en la costa, bien... pero ¿por qué no destrozar la selva alrededor, como una atrevida "intervención" al estilo del arte contemporáneo? ¿Una simple vía corta de Mascota a Las Palmas, bueno... pero ¡con deslaves y aventura extrema!
Después, el Nudo Colón, con dos niveles de profundidad... ¡en un manto freático y sin estudio de por medio! Lo más hermoso vino después: se tapó la inundación como se pudo y ahora, como un recurso para concientizar a los ricachones de la zona en lo que deben sufrir los pobres que viven en zonas de inundaciones, ¡se inunda toda la zona! Claro que las zonas pobres se inundan aún peor, pero no es momento de seguir señalando las diferencias, no vayan a creer que uno es plantonista del Peje.
Pero mi favorito es el más sencillo, tan sutil como un poema. Efímero como una flor. Peligroso como... bueno, como el mismísimo inge Sáinz. Me refiero a su obra más reciente: el chorrito de Las Rosas. Recordarán ustedes que en la avenida del mismo nombre se encuentra la fuente de La Hermana Agua que, oh paradoja, siempre está más seca que un taco de pinole.
Nuestro héroe, entonces, decide elevar la apuesta y colocar su paso a desnivel en la zona, a unos metros del célebre Bajío, lugar donde se concentra un aguaceral en cada lluvia, y sin agrandar los colectores. El resultado, ya lo dije, es un poema zen: llueve, se deslava la arena compactada alrededor del túnel... y allá por la fuente brota un chorrito. Se hizo grandote... ¿y se hará chiquito?
Paco Navarrete
(v.pág.10 del periódico Mural del 31 de agosto de 2006).
Alejandro González Gortázar
(v.pág.13 del periódico Público del 15 de octubre de 2006).
Ellas son demasiado angostas, dispares, agrietadas y sucias. Están invadidas por grafitis, coches mal estacionados y roturas de raíces aprisionadas; con hoyos de negligencias acumuladas y contaminadas por humos vehiculares chafas. Imponen torturas ruidosas de malas ondas sonoras y nos enredan el paisaje con estopas colgantes del cableado en telefonía, telecable y electricidades mayores. De sus alcantarillas escurren desechos olorosos que a menudo se fugan entre charcos y pisadas. Postes y propagandas marcan la jungla de obstáculos a librar entre los trayectos que buscamos para llegar de un lugar a otro; o simplemente algún lugar para estar bien. Nuestro espacio público banquetero es sólo apto para los valientes, los muy necesitados o los zombis.
Norberto Alvarez Romo, presidente de Ecometrópolis,A.C.
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 17 de octubre de 2006).
Los señores publicistas piensan atraer al público hacia productos, marcas, establecimientos comerciales. Discurrieron de este modo desparramar papelitos con un mensaje que atrapará a los vecinos de aquella calle, barrio o colonia.
Los mozuelos contratados para la distribución tienen instrucciones al caso: si hay reja o cancel, hagan un rollo del papel-propaganda e insértenlo ahí; si no, usen una porción de cinta adhesiva para que lo peguen en las puertas.
Se imaginan los señores publicistas que el dueño de la casa o sus deudos, van a salir a la puerta y con ojos de asombro, con actitud complacida recogerán su mensaje, luego lo van a comentar, a celebrar y a decir a toda la familia: ya está, vámonos ahora mismo de compras, aquí dicen dónde debemos proveernos de lo que necesitamos.
Pero el papelillo que metieron en la reja o pegaron en la puerta, maldita la gracia que hizo a los habitantes de aquel domicilio; si no lo apachurraron en bola para tirarlo en el bote de la basura, lo despegaron de la puerta y lo tiraron a volar por la calle, por la colonia, por el barrio.
La calle, la avenida o la plaza se quedaron llenas de cientos, de miles de papelitos lejanos y ajenos, para que el nuevo alcalde de la ciudad venga luego a juntarlos en edificante acción, buscando la limpieza y la dignidad de Guadalajara... ¿No será mejor ir a los mismos autores de este irracional e inútil afán de regar papeles que ensucian la ciudad?
Luis Sandoval Godoy
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 9 de enero de 2007).
Nuestra ciudad metropolitana esconde su esencia entre confusas fachadas grafitiadas y tras las ilusiones prometidas en espectaculares publicitarios que compiten por el paisaje con los frágiles árboles decrépitos (de cuyas ramas mutiladas y raíces estranguladas apenas se sostienen vivos; hasta que un soplo veraniego los acueste para siempre).
Vista desde el espacio sideral, nuestra urbe es una gran mancha gris, salpicada con escasos lunares verdes desperdigados y acotada por grandes campos naturales en bosques, arroyos, cerros y barrancas. Se descubre la gran paradoja: que teniendo todo para ser una ciudad jardín paradisíaca, de ella hemos hecho un puro infierno callejero.
Norberto Alvarez Romo, presidente de Ecometrópolis,A.C.
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 23 de enero de 2007).
Todos son ejemplos de necesidades que esta ciudad tiene todos los días y que muchas, muchas otras ciudades, incluso más pequeñas que la nuestra, han cubierto con éxito. Pero si se tratara de solicitar, como ciudadano, una sola atención, un solo servicio, no dudaría en pedir y al mismo tiempo en exigir, una Guapalajara libre de basura, para que no nos vayan a confundir con Guacalajara.
Martín Almádez
(v.pág.19-B del periódico El Informador del 12 de febrero de 2007).